Cuentos policiacos

lunes, 1 de junio de 2026

El miligramo prodigioso

 


              El miligramo prodigioso- Juan José Arreola


1. Resumen del cuento

El relato narra la historia de una hormiga obrera que encuentra un misterioso y perfecto "prodigioso miligramo". Al llevarlo al hormiguero, provoca desconcierto entre las autoridades. En lugar de investigar el hallazgo, la hormiga es detenida, juzgada y perseguida. Tras su muerte, el miligramo comienza a ser venerado por la comunidad. Poco a poco surge una religión en torno al objeto, aparecen funcionarios, sacerdotisas y burócratas, y el hormiguero termina sumido en la corrupción, la ambición y el caos. Finalmente, el objeto pierde su significado original y se convierte en un simple instrumento de poder.


2. Tema principal

El tema central es la crítica a las sociedades que transforman una idea valiosa en un objeto de culto, poder o manipulación.

Arreola muestra cómo una comunidad puede destruir aquello que inicialmente era extraordinario debido a la burocracia, la ambición y el fanatismo. El autor cuestiona la tendencia humana a convertir los descubrimientos, las creencias o los ideales en instituciones rígidas que terminan alejándose de su propósito original.


3. Temas secundarios

a) La crítica al poder

Las autoridades del hormiguero reaccionan con represión ante lo desconocido. En lugar de comprender el hallazgo, lo controlan y castigan.

b) La burocracia

A medida que crece el culto al miligramo aparecen inspectores, guardianas, sacerdotisas y funcionarios. El trabajo administrativo termina siendo más importante que el bienestar de la comunidad.

c) El fanatismo religioso

El miligramo pasa de ser un objeto extraño a convertirse en una reliquia sagrada. La religión surge como una forma de control social más que como una búsqueda espiritual auténtica.

d) La ambición

Muchas hormigas intentan obtener prestigio imitando a la descubridora original. Esto provoca engaños, corrupción y abandono del trabajo colectivo.

e) La pérdida de los ideales

El objeto prodigioso acaba olvidado mientras las hormigas se concentran en el poder y los privilegios.


4. Simbolismo

El hormiguero

Representa la sociedad humana. Las hormigas se comportan como personas organizadas en instituciones políticas, religiosas y económicas.

El prodigioso miligramo

Es un símbolo abierto. Puede interpretarse como:

  • La verdad.
  • El conocimiento.
  • La libertad.
  • Una idea revolucionaria.
  • El arte o la creatividad.
  • La fe auténtica.

Arreola nunca explica exactamente qué es porque le interesa que funcione como una alegoría universal.

La hormiga descubridora

Representa al individuo innovador, diferente o creativo que desafía el orden establecido.


5. Personajes

La hormiga descubridora

Es curiosa, distinta y libre de pensamiento. Su hallazgo desencadena toda la historia.

Las autoridades

Representan los mecanismos de control político y social.

Las sacerdotisas y guardianas

Simbolizan las instituciones que transforman una idea en una doctrina rígida.

Las demás hormigas

Representan a la sociedad, que oscila entre la admiración, la obediencia y la ambición.


6. Estilo literario

El cuento presenta características típicas de Arreola:

  • Uso de animales con comportamientos humanos.
  • Ironía constante.
  • Humor crítico.
  • Alegoría y simbolismo.
  • Lenguaje elegante y preciso.
  • Influencia de la fábula y la sátira.

7. Interpretación crítica

Una de las lecturas más interesantes consiste en entender el cuento como una reflexión sobre la historia de las ideologías, las religiones y las instituciones humanas. Una idea nueva aparece en una sociedad; las autoridades intentan controlarla; luego esa idea se institucionaliza y acaba siendo utilizada para obtener poder. El resultado es que el significado original se pierde.

Arreola parece advertir que las sociedades corren el riesgo de convertir cualquier descubrimiento valioso en un mecanismo de dominación. La creatividad, la libertad o el conocimiento pueden terminar subordinados a intereses políticos, económicos o religiosos.


8. Conclusión

El prodigioso miligramo es una fábula moderna que critica la burocracia, el fanatismo y la ambición humana. A través de la vida de un hormiguero, Arreola reflexiona sobre cómo las sociedades reaccionan ante lo nuevo y cómo las instituciones pueden apropiarse de las ideas hasta vaciarlas de sentido. El cuento invita a preguntarnos si somos capaces de conservar el verdadero valor de los descubrimientos y los ideales o si terminamos convirtiéndolos en simples instrumentos de poder.


miércoles, 27 de mayo de 2026

La noche de los feos- Mario Benedetti

 


                         La noche de los feos- Mario Benedetti


La noche de los feos de Mario Benedetti: Una crítica a la tiranía de la apariencia

Publicado en 1968 dentro del volumen La muerte y otras sorpresas, el cuento La noche de los feos es uno de los relatos más conmovedores y lúcidos de Mario Benedetti. Con su habitual economía narrativa y su profunda comprensión de las vulnerabilidades humanas, el autor uruguayo construye una historia breve pero intensa que cuestiona los estándares de belleza, la soledad urbana y la posibilidad de una conexión auténtica más allá de las máscaras sociales.

Resumen sin spoilers mayores

Narrado en primera persona por un hombre marcado por una quemadura en el rostro, el cuento relata el encuentro fortuito con una mujer que presenta un pómulo hundido desde la infancia. Ambos se reconocen inmediatamente en su “fealdad” (no vulgar, sino profunda y evidente) mientras hacen fila para entrar a un cine. De esa mirada inicial de “oscura solidaridad” nace un vínculo crudo, honesto y doloroso que los llevará a confrontar su exclusión del mundo de los “hermosos”.

Temas centrales

1. La dictadura de la belleza y el rechazo social 

Benedetti no solo describe la fealdad física; la convierte en una metáfora de la exclusión. Los protagonistas son conscientes de cómo la sociedad los mira: con morbo, piedad disimulada o sadismo inconsciente. El momento en la confitería, donde dos “fealdades juntas” se convierten en espectáculo, es magistral. La gente prefiere mirar la deformidad en compañía de alguien “normal”, como si necesitara un contraste que confirme su propia simetría.

Esta crítica sigue siendo devastadoramente actual en la era de Instagram, filtros y cirugía estética. Benedetti ya advertía en 1968 sobre algo que hoy es evidente: la belleza se ha convertido en un capital social casi obligatorio, y quien no lo posee queda relegado a una especie de gueto emocional.

2. El resentimiento y la auto aversión 

Los personajes no se resignan. Sus ojos son “ojos de resentimiento”. No hay piedad hacia sí mismos ni hacia otros “feos”, a quienes ven como espejos incómodos. Esta falta de resignación es lo que los une: un odio compartido hacia sus propios rostros y, por extensión, hacia un Dios o un destino que los marcó.

3. La búsqueda de autenticidad en la oscuridad 

Uno de los mayores logros del cuento es cómo maneja la intimidad. La oscuridad del apartamento no es solo un recurso práctico; simboliza el deseo de escapar de la mirada (propia y ajena). Sin embargo, Benedetti no se conforma con esa solución fácil. La verdadera catarsis llega cuando los personajes se atreven a tocarse con luz, es decir, a aceptar la totalidad del otro, incluyendo sus cicatrices.

Aspectos literarios destacados

- Narrador poco confiable y profundamente humano: El protagonista es inteligente, irónico y brutalmente sincero. Su voz es uno de los grandes aciertos del cuento.

- Economía del lenguaje: Típica de Benedetti, la prosa es clara, sin adornos innecesarios, pero cargada de significado.

- Uso de contrastes: Belleza cinematográfica versus fealdad real; luz del cine versus oscuridad del apartamento; mirada pública versus intimidad privada.

- Ironía: El título mismo es irónico. La “noche de los feos” termina siendo, paradójicamente, un momento de belleza humana auténtica.

Vigencia y mensaje

Más de cincuenta años después, La noche de los feos mantiene una potencia extraordinaria. En un mundo obsesionado con la imagen, Benedetti nos recuerda que la verdadera conexión requiere coraje: el coraje de mirarse y ser mirado tal como se es. No se trata de negar las imperfecciones, sino de trascenderlas.

El cuento no ofrece un final edulcorado ni una moraleja simplista. Es, más bien, una pequeña victoria frágil: dos personas que, por un momento, logran dejar de ser “espectáculo” para convertirse en compañía.

 Conclusión

La noche de los feos es un pequeño gran clásico de la literatura latinoamericana del siglo XX. Con maestría, Benedetti transforma lo que podría ser un relato sensiblero sobre marginados en una profunda reflexión sobre la condición humana: nuestra necesidad de ser vistos, aceptados y tocados más allá de las apariencias.

En tiempos donde la superficialidad parece ganar terreno, releer a Benedetti es un acto casi revolucionario. Porque como sugieren sus personajes en la oscuridad (y luego en la luz): lo importante no es ser hermoso. Es atreverse a ser real.





lunes, 25 de mayo de 2026

Miguel de Unamuno- Ya de cuento

 


Y va de cuento


de Miguel de Unamuno

El cuento Y va de cuento de Miguel de Unamuno representa una muestra clara de la preocupación del autor por la relación entre la ficción, la conciencia humana y el acto mismo de narrar. Como ocurre en gran parte de la obra unamuniana, el texto no se limita a contar una historia tradicional, sino que reflexiona sobre la literatura y sobre la manera en que los seres humanos interpretan la realidad a través de los relatos.

Uno de los aspectos más interesantes del cuento es su carácter metaliterario. Es decir, el texto habla del propio cuento y del proceso de construcción narrativa. Desde el inicio, el narrador parece jugar con el lector, cuestionando constantemente la validez de lo narrado y mostrando que el relato es una creación artificial. Esta estrategia rompe con la idea clásica de una narración objetiva y obliga al lector a participar activamente en la interpretación.

La crítica principal de Unamuno parece dirigirse a la superficialidad con la que muchas veces se consumen las historias. El autor sugiere que el verdadero valor de un cuento no reside únicamente en los acontecimientos narrados, sino en las dudas, reflexiones y emociones que despierta. Por ello, el argumento pasa a un segundo plano y adquiere más importancia la conciencia del narrador y la relación que establece con quien escucha o lee.

En este punto resulta fundamental el papel del narratario. El narratario es el destinatario interno del relato, es decir, la figura a quien el narrador dirige sus palabras dentro del texto. En Y va de cuento, el narratario tiene una función esencial porque permite que el narrador dialogue constantemente con alguien implícito, casi como si mantuviera una conversación viva. Gracias a esta presencia, el relato adquiere un tono cercano, irónico y reflexivo.

Además, el narratario funciona como representación del lector real. El narrador interpela, provoca y desafía a ese receptor, obligándolo a cuestionarse qué espera de un cuento y por qué necesita encontrar sentido en la ficción. Esta técnica crea una relación dinámica entre autor, narrador y lector, muy característica de la narrativa de Unamuno.

Otro elemento importante es el lenguaje. Unamuno utiliza un estilo aparentemente sencillo, pero cargado de profundidad filosófica. Las interrupciones, preguntas y comentarios directos generan una sensación de espontaneidad que acerca el texto al ensayo y al diálogo intelectual más que al cuento tradicional. Esto puede resultar desconcertante para algunos lectores, pero precisamente allí reside buena parte de la originalidad de la obra.

En conclusión, Y va de cuento es un texto que desafía las convenciones narrativas y convierte el acto de contar en el verdadero tema del relato. Miguel de Unamuno utiliza la figura del narratario para establecer una relación crítica y reflexiva con el lector, mostrando que la literatura no solo sirve para entretener, sino también para pensar sobre la existencia, la ficción y la verdad.


sábado, 23 de mayo de 2026

Barrabas- Arturo Uslar Pietri

 


Barrabás-Uslar Pietri

El cuento “Barrabás” de Arturo Uslar Pietri pertenece al libro Barrabás y otros relatos (1928), una obra fundamental de la narrativa venezolana moderna. En este relato, Uslar Pietri retoma el episodio bíblico de Barrabás —el preso liberado en lugar de Jesús— para ofrecer una reflexión filosófica y moral sobre la verdad, la culpa, la justicia y el silencio. 

Reseña breve del papel de Barrabás

En la tradición bíblica, Barrabás aparece como un criminal liberado por decisión del pueblo mientras Jesús es condenado a la crucifixión. Sin embargo, en el cuento de Uslar Pietri, Barrabás deja de ser únicamente un delincuente y se convierte en un personaje profundamente humano, confundido y atormentado. El autor lo presenta como un hombre ingenuo, casi inocente, que termina acusado injustamente de un crimen que no cometió.

A lo largo de la narración, Barrabás reflexiona sobre el verdadero significado del delito y descubre algo perturbador: no fue condenado por matar, sino por “callar”. Esta idea transforma al personaje en un símbolo de la responsabilidad moral frente a la verdad. Cuando finalmente es liberado y Jesús ocupa su lugar en la cruz, Barrabás queda marcado por una profunda confusión existencial y espiritual.

Análisis del cuento

1. El tema de la culpa y la injusticia

Uno de los temas centrales del cuento es la injusticia humana. Barrabás insiste en que no cometió el asesinato del que se le acusa; sin embargo, termina condenado porque nunca explicó la verdad. El guardia afirma que su verdadero crimen fue “el delito de callar”. Esta idea convierte el silencio en una falta moral tan grave como la acción misma.

Uslar Pietri plantea así una reflexión ética: quien conoce la verdad y no la dice puede convertirse también en culpable. La justicia aparece entonces como algo ambiguo y contradictorio, pues condena a un inocente y libera a quien no comprende su propia situación.

2. Barrabás como símbolo humano

Barrabás representa al hombre común enfrentado a un mundo incomprensible. No es un héroe ni un villano absoluto; es un personaje lleno de dudas, miedo y desconcierto. Su inocencia intelectual contrasta con la complejidad moral de los hechos que vive.

El personaje simboliza también la fragilidad humana frente al poder y frente al destino. Cuando el pueblo lo elige para ser liberado en lugar de Jesús, Barrabás no siente triunfo, sino extrañeza y culpa. Comprende que otro hombre sufrirá por él y esa conciencia lo transforma.

3. La verdad como conflicto filosófico

El cuento desarrolla una reflexión muy profunda sobre la verdad. Jesús es condenado porque “dice la verdad”, mientras Barrabás es castigado por ocultarla. De esta manera, el autor muestra que la verdad puede convertirse en motivo de persecución y sufrimiento.

El relato cuestiona además la capacidad humana para comprender la justicia divina o moral. Barrabás no logra entender por qué él vive y Jesús muere. Esa confusión final da al cuento un tono existencialista y trágico.

4. Recursos literarios

Uslar Pietri utiliza una prosa poética y simbólica, llena de imágenes sensoriales y metáforas. Las descripciones crean una atmósfera pesada y angustiante: el calabozo, el calor, el ruido de las cadenas y la multitud contribuyen a transmitir opresión y fatalidad. También destaca el uso del diálogo filosófico entre Barrabás y el guardia. A través de esa conversación se desarrolla el conflicto moral del relato.

Conclusión

“Barrabás” no es solamente una recreación de un episodio bíblico, sino una reflexión sobre la condición humana. Arturo Uslar Pietri transforma a Barrabás en un personaje trágico que descubre demasiado tarde el peso de la verdad y del silencio. El cuento cuestiona la justicia humana y muestra cómo la culpa puede surgir no solo de los actos, sino también de la omisión y la indiferencia. Por eso, el relato sigue siendo actual y profundamente inquietante. 


jueves, 18 de diciembre de 2025

Cuento policíaco Nº 1

 

Eduardo Velasco- Crimen pasional

Cogió el estropajo abundante de espuma y comenzó a fregar los platos. Al fondo se oían las conversaciones de los clientes del restaurante. De pronto se sintió asaltado por una pesadez abrumadora. No deberías estar aquí, Marcial—le dijo una voz profunda que le metió mucho temor—, no deberías estar aquí, y lo sabes. Terminaron la toma y con mirada interrogante Marcial volvió la cabeza hacia Paco Lombardo. Él le hizo una señal dándole a entender que se podía ir a descansar mientras montaban el decorado para la siguiente escena. Marcial se secó las manos, se quitó el delantal y la ridícula pañoleta que llevaba su personaje. Se fue a su caravana a descansar.

Se dirigió hacia las carpas donde había café y bocadillos para los ayudantes. Sus pasos eran torpes y le dolía la cadera por el espacio tan incómodo donde había repetido diez veces la escena de la discusión con Marat, su compañero de reparto. Saludó a Margarita, una chica muy bondadosa y gran admiradora del gran Marcial Pedroza. No sabes cómo te admiro Marcial—le había dicho esa mañana cuando se anunció que el papel principal lo tenía él—, eres el mejor. Él le sonrió fingiendo alegría, tomó un vaso de café y se fue a descansar.

Tumbado en el incómodo sofá y bañado por un aire de energía lacerante dejó de reprimir sus pensamientos.

 Joder, Marcial, ¿no te das cuenta de que vas a echar a perder tu carrera? ¿Cuánto te costó llegar hasta aquí? ¿Ya se te olvidó que juraste que jamás harías papeles estúpidos? ¿para qué necesitas hacer el ridículo? ¿Qué va a pasar cuando la gente vea al ganador del premio de la academia haciendo de lavaplatos? Pareces un sacamuertos, un racionista que trabaja por la sopa boba. Bueno, ya para, lo que yo haga es decisión mía y que la gente se vaya al carajo. Sí, de acuerdo, pero con este favorcito se va a terminar tu brillante trayectoria. Ya te veo otra vez luchando para que te den un buen papel en alguna película que merezca la pena. Bueno, y ¿eso qué? Le prometí a Luis que no le fallaría, sabes que le debo mucho. El Cabrera me salvó de la muerte. Bien, bien, Marcial, ya sabía que ibas a salir con eso de que la amistad es más importante que el dinero y la fama. Sin embargo, permíteme recordarte que Luis solo hizo lo que tenía que hacer, de haber estado otro de tus amigos en la misma situación, incluso tú, habría hecho lo mismo. Ya deja de molestarme y cállate, soy yo quien afrontará las consecuencias.

Se oyeron unos toquidos: “Marcial, te llama Paco, vamos a hacer la otra escena”.

Marcial estaba indeciso. Debía prepararse y entrar en el personaje, pero no lo lograba. Su voz interna salió de nuevo. Bueno, pues ya convéncete. No tienes opción. Piensa que eres un tipo convencional con necesidad de afecto y que has descubierto que no puedes tener relaciones con mujeres y que ese beso con Marat será solo una imagen, una serie de cuadros en un muermo y que a todo mundo se le olvidará. No sentirás nada y si de pronto surge la repulsión, quédate tieso y que sea Marat quien acapare pantalla. Déjate llevar. ¿Sabes? Ni de broma. Todo esto es una estupidez, no debí aceptar el rol. No tiene sentido. Sí, sé que le debo un favor a Luis, pero esto es demasiado. ¿Lo ves? Al final has recapacitado, coge tus cosas, discúlpate con Luis y mándale un cheque para que encuentre otro actor. Ya te había dicho desde el principio que solo querían aprovecharse de tu fama. Estuviste a punto de tirar tu carrera por la alcantarilla, mi buen.

Marcial se acercó a Lombardo y le explicó que no podía seguir, que renunciaba. Paco se puso fúrico, le comenzó a gritar y lo amenazó, pero de nada le sirvió. Los actores se quedaron de piedra al saber que Marcial se iba. Los rumores comenzaron a propagarse como un tufo desagradable que irritaba a todos. Marcial cogió sus pertenencias y se marchó.

Al día siguiente, el inspector Eduardo Velasco se presentó en la calle Roma. Lo recibió Nacho su ayudante.

—¿Qué tal, Nacho?

—Mal, inspector. Hemos encontrado a Marcial Pedroza asesinado. Según el forense murió ayer por la noche, a eso de las diez y media. Lo apuñalaron, fue una muerte rápida.

—Vaya, vaya. No será el actor de cine, ¿verdad? —miró con astucia a Nacho quien movió la cabeza afirmando y subiendo las cejas de forma exagerada—, ¿hay alguna pista, rastros, algo que nos pueda ayudar?

—No, inspector. Se han encontrado solo huellas de la casera y de Marcial. El asesino sabía lo que hacía.

—¿Tiene cuartada la casera?

—Sí inspector, estuvo con su hija y la vecina del tercero preparando una tarta de cumpleaños.

—Bien, tendremos que comenzar con las pesquisas. Déjame echarle un vistazo al escenario…

Velasco hizo una revisión minuciosa, puso atención en los libros y pertenencias del fallecido. Miró la posición del actor tumbado en el suelo, hizo sus anotaciones, le preguntó al forense lo que consideró importante, luego habló con los guardias que habían llegado primero al lugar y se fue.

—Nacho, tendremos que investigar todo lo relacionado con este desdichado. Dile a Marta que nos consiga toda la información.

—Sí, inspector.

—Bueno, me voy porque todavía estoy con lo del deceso de la viuda Montes…y creo que ya sé quién es el culpable.

—Lo llamaré en cuanto tenga algo, inspector.

—Gracias, Nacho. Hasta pronto.

El inspector Velasco se fue al restaurante donde trabajaba su amiga Rosa. Se sentó cerca de la barra y se concentró en su bistec con patatas. Hacía tiempo que no comía con tanta tranquilidad. La frecuencia con la que resolvía los crímenes le parecía un acto tan rutinario que ya ni siquiera se molestaba en aplicar sus métodos deductivos. Parecía que todo era tan banal que cualquier policía con un poco de experiencia resolvería los asuntos que le llegaban. Lo de la viuda estaba clarísimo, era un clásico, la ambición del amante lo había llevado a cometer el crimen y esa misma noche lo arrestaría en el aeropuerto. Velasco se empezó a reír con una alegría radiante. Como Rosa lo estaba mirando pensó que por fin el atractivo cincuentón se le declararía y juntos vivirían en un modesto piso con olor rancio de tabaco y comentarían las noches todas las fechorías de los delincuentes de la ciudad.

—¿Le traigo el postre, inspector?

—¡Hay Rosita de mi alma! Si yo pudiera y tú quisieras—le dijo todavía con ese aspecto alegre que lo hacía tan atractivo—, pero ¿quién se va a fijar en un tipo como yo?

—Pues debería decidirse ya, no lo voy a estar esperando toda la vida y por si no lo sabe, tengo una fila de pretendientes esperando el sí…—se dio la vuelta y caminó a la cocina con un cadereo que dejó a Velasco confrontándose con sus evasivas al matrimonio.

A Velasco le habrían dado la jubilación anticipada, incluso se lo habían propuesto ya, pero el hecho de verse ocioso, solo, y sin muchas metas que ponerse para sobrevivir, le causaba un estremecimiento que oprimía el bajo vientre. Esta Rosita se me va a marchitar si la dejo esperando, caray. Por qué me falta tanto la hombría a la hora de la verdad. Un día de estos algún patán se la lleva y me quedo mirando para la loma. Hay que ser muy bruto para no aprovechar la oportunidad. Y eso de los enemigos que me he echado encima, la falta de vocación de marido ejemplar y todas las excusas que me busco son pura inseguridad. No me siento a la altura de esa mujer, joder.

—Bueno, bueno, lo veo muy alegre inspector, ¿no será que se ha enamorado?

—¡Ay, Rosita de mi alma! Pues, la verdad es difícil de ocultar, sobre todo cuando es tan evidente…Lo que pasa es que…es que…yo…

—Otra vez le empezó el tartamudeo, ¿por qué no me lo pone por escrito y acabamos con la duda, ah? Escribir si sabrá, ¿no? ¿O me va a decir que también le tartamudea la mano?

Se echaron a reír con muchas ganas y salió el administrador a ver que se traía la camarera. Velasco se acercó a Rosa y le dijo al oído: “La invito mañana a cenar, pasó por usted, y ahora váyase porque ahí viene el energúmeno de su jefe”.

Pagó la cuenta le guiñó el ojo a Rosita y salió para saber algo sobre Marcial Pedroza- Al pasar por un estanco vio un periódico, lo compró y le echó una ojeada. Puso atención en una noticia. Era sobre la muerte de Marcial. Había información sobre la última película que lo había llevado al premio de la academia, sobre su tortuosa relación con su novia, sobre su trayectoria y salida del anonimato y unas cuantas líneas sobre la última película que estaba haciendo. Solo estaban los nombres de Luis Cabrera el productor y Paco Lombardo, un director emergente casi desconocido que solo había hecho tres cortometrajes. Velasco se fue a buscar una caseta telefónica y llamó a Marta.

—Hola, Martita, oye te tengo que pedir que me localices a un tal Paco Lombardo, director de cine emergente, y a Luis Cabrera, un promotor de cine de poca monta. ¿Me lo podrías tener mañana al mediodía? Te lo agradecería muchísimo.

—Buenas tardes, inspector, por supuesto. Cuente con eso. Oiga y quería decirle que Rico Casamayor estará hoy en el aeropuerto entre las nueve y once de la noche, se va a fugar con su novia, la vedete Sonia Palomero. Tienen billetes de la línea aérea Celeste fly. La policía ya está al tanto. No llegue tarde.

—Gracias, Martita. Te llamo después.

Velasco miró el reloj. Eran las cinco y media. Bueno, me da tiempo de echarme un duchazo y luego al aeropuerto. Cogió su coche, entró por la avenida Vallejo, cruzó la glorieta de Torquemada y aparcó su coche. Subió por la escalera y al llegar a su piso y comprobó que no hubiera nada fuera de lo habitual. Abrió la cerradura, encendió la luz, se tomó una copa de brandy y se fue a duchar. Salió vigoroso, de buen humor y se puso a leer unas páginas de una novela. Se quedó pensando en la trama y luego arqueó las cejas.

Se marchó a las siete y media de su casa, se subió al coche y se dirigió al aeropuerto. Llegó sin retraso, justo a tiempo para ver en el registro a Ricardo Casamayor y la hermosa Sonia Palomero. En persona la mujer era más impresionante que en las fotografías y las pantallas. Tenía una personalidad magnética que arrancaba los ojos a su paso. Era imposible no verla. Además, se vestía muy bien, con buen gusto, mezclando elegancia con excentricidad en su punto exacto. Velasco se imaginó a Rosita vestida de la misma forma. No, no había una gran diferencia, pero Sonia se movía como la diva que era, mientras Rosita mostraba más su simpleza, su naturalidad y eso la hacía una mujer común, una mujer guapa, pero nada más. Pues, aunque no sea como la Palomero, esa Rosita se tendrá que casar conmigo. Ya está decidido y nada de peros. Y al diablo con todo lo demás. Mañana se lo propongo, por mi madre que se lo propongo.

Velasco sacó la pistola y se acercó a Rico. El hombre estaba nervioso, pero controlaba bien la situación. Sonia, por el contrario, acostumbrada a viajar y ver mundo veía a la gente como enanos, sirvientes y empleados a su servicio. Daba órdenes y no toleraba las negativas. Cuando se acercó al mostrador Velasco, Sonia le decía a la encargada que tenían prioridad, que iban en primera clase y que no haría falta llamar a nadie para que la acompañaran a abordar. Rico puso los pasaportes en el mostrador y miró con gesto rudo a la encargada. En ese momento Velasco le puso la pistola en la espalda. Está bien, amigo, quedas arrestado por asesinato con alevosía. Tienes derecho acallar y etc., etc., etc. Rico trató de escabullirse, pero estaba rodeado de policías. Sonia armó un escándalo. Velasco le pidió que se tranquilizara y la apartó. Unos agentes la resguardaron hasta una patrulla y se la llevaron.

A la mañana siguiente Velasco despertó tarde. Se había quedado leyendo su libro, hizo sus habituales anotaciones, comentó en voz alta sus observaciones y en todo el proceso se tomó media botella de Johny Walker. Tenía resaca y un hueco en el estómago. Bajó a la cafetería de Don Lucio, pidió unos huevos con jamón, una cerveza y se fue a la comisaría.

—Buenos días inspector, le tenemos bastante información de Marcial Pedroza.

—Oh, gracias Marta, dame la carpeta, le echo un vistazo ahora mismo.

—Aquí tiene, inspector. Falta todavía el resultado de la autopsia, pero creo que no arrojará nada nuevo, ¿no cree?

Velasco se fue a leer el informe, hizo su croquis de implicados, antecedentes, circunstancias y posibles causas del crimen. Llamó a Nacho y se fueron a interrogar a Francisco Lombardo.

Lo encontraron discutiendo con su mujer en la calle. Su hijo de seis años miraba con indiferencia a la pareja de energúmenos que se deshacían por encontrar las palabras más hirientes. “Maldito, estúpido, fracasado de mierda, no vales una bicoca, en mala hora me fui a meter con un imbécil como tú”.

La aparición del inspector le ahogó las palabras a la mujer que gesticulaba, vociferaba y bailaba como en una riña del famoso boxeador Mohamed Alí.

—Perdone, ¿es usted Francisco Lombardo? —le preguntó Nacho obstruyendo a la mujer que estaba a punto de abofetearlo.

—¡Sí, soy yo! Y qué pasa, ¿eh? —contestó Paco muy alterado por la discusión

—Mire, Francisco, venimos por lo de la muerte de Marcial Pedroza, ¿lo recuerda?

—¡Yo no tengo que ver nada con eso!!Déjeme en paz! —contestó paco dándose la vuelta para irse.

—¡Eh, un momento, amigo! ¿A dónde cree que va? —le espetó Velasco cogiéndolo del brazo—Lo siento, pero tendrá que responder a algunas preguntas, soy el inspector de policía, Eduardo Velasco.

Paco Lombardo se tranquilizó un poco, le explicó su situación y contestó a todas las preguntas sin poder recobrar la calma. Al final tenía coartada y era necesario preguntarle a su ayudante Margarita si en verdad habían estado juntos en un hotel. Agregó que sería muy estúpido para matar a su gallina de los huevos de oro. Les dio una de sus tarjetas y se fue sin despedirse.

Nacho y el inspector se fueron a buscar a Luis Cabrera.

Llegaron a una casa de dos plantas en una zona al norte de la ciudad. Tocaron el timbre. Les abrió un hombre mayor encorvado y medio sordo.

—Buenas tardes, señor, queremos hablar con Luis Cabrera—le gritó Nacho muy cerca del oído.

—¡Ah!!Un momento!¡Luis, te buscan!

El anciano invitó a pasar al inspector y a Nacho, les sirvió un zumo de naranja y se fue a su habitación. En ese momento sonó el timbre. Salió el anciano de nuevo y se fue a abrir la puerta. Con mucha sorpresa Nacho miró al inspector diciéndole que el viejo estaba más sordo que una tapia, pero bien que oía el timbre de la puerta. Nacho se levantó y miró el cuarto del viejo. Volvió con una gran sonrisa. El muy cabrón tiene una lámpara que se enciende cada vez que tocan el timbre.

Apareció Luis Cabrera. Era alto y delgado, llevaba una barba tupida y unas gafas de botellón. Estaba despeinado y parecía alterado.

—Buenas, señores, ¿en qué puedo ayudarlos?

—Venimos por lo de Marcial, usted era su amigo, ¿no? —le respondió Nacho con una sonrisa astuta.

—Sí, es muy lamentable su muerte. Me ha jodido por completo. Era mi última esperanza para salir del atolladero y estiró la pata, el muy cabrón.

—¿Qué relación tenía con él? —le dijo Velasco mirándolo con mucha atención.

Luis se tumbó en un sillón. Estaba a punto de llorar y con voz entrecortada les contó todo sobre su amistad con lujo de detalle.

Una hora y media después Nacho y Velasco salieron sin hebra de donde coger.

—Estamos jodidos, Nacho. No tenemos más sospechosos por ahora. Al final, será un banal robo a mano armada, bien planeado, pero un simple atraco o una venganza ordinaria.

—No, inspector. Nos falta el otro actor, el que hacía de Marat. Se llama Rufino Andrade y vive a media hora de aquí.

—Bien, entonces busquémoslo. ¿Dónde lo podemos encontrar?

—Calle libertadores 35, depto 304.

—Pues, pa luego es tarde, mi querido Nacho.

Llegaron a un edificio de doce plantas. Llamaron por el portero automático, pero nadie les abrió. Esperaron a que alguien saliera y al abrirse la puerta apareció una mujer de unos cuarenta años.

—Perdone, la molestia señora, ¿vive aquí Rufino Andrade? El actor, ya sabe…—le dijo nacho muy amable.

—¿Actor, dice? Ese patán es una escoria. Sí, vive debajo de mi y no es precisamente un ser deseable, se lo juro.

—¿Por qué dice eso, señora?

—Pues, porque hace mucho ruido, mete a la primera zorra que se encuentra y luego se la pasa fornicando media noche. Eso de acostarse con quien sea no es pecado, pero este cabrón grita como si lo estuvieran castrando sabe. ¿Son de la policía?

—Sí, en efecto. Este es el inspector Velasco— Eduardo hizo un saludo galante inclinando la cabeza.

—Mira ¡Que bien!!Hasta han mandado un inspector!!Ya era hora! A ver si esta vez lo echan para siempre de aquí.

—No se preocupe, señora, haremos lo que sea necesario.

La mujer se fue con paso alegre. Nacho y el inspector subieron por la escalera. Llegaron al piso 304. La puerta tenía un forro de color marrón oscuro, tenía dos cerraduras y el ojo un poco bajo. Tocaron durante diez minutos y no abrió nadie. Bajaron y desde el coche esperaron hasta que el hambre los obligó a retirarse. Comieron en un restaurantillo que quedaba enfrente del edificio. No notaron la presencia del hombre que habían descrito los vecinos. Fortachón, con tipo de jugador de fútbol americano, muy moreno, vestido con ropa deportiva y andar zalamero muy fingido. Es adulador, el muy cabrón, pero detrás de su sonrisita siempre se nota el interés. Ese cabrón no da salto sin huarache. Tuvieron que montarle guardia.

Al final Velasco no pudo ir a cenar con Rosa. Le surgió un asunto urgente a la camarera. Con mucha fuerza de voluntad, rompiendo sus principios y echando por la borda sus prejuicios, Eduardo escribió una carta breve declarándose, pidiéndole a Rosita que se casara con él. Se sentía ridículo y, a pesar de que todo apuntaba en contra de su relación, se convenció de que su vida sería mejor al lado de esa mujer.

La investigación se detuvo. Velasco estaba en punto muerto. Los sospechosos tenían coartadas, no tenían móvil y jamás habrían tocado al hombre que los sacaría de pobres. Rufino seguía invisible. Ni los polis de guardia ni los agentes que se habían incorporado a la investigación sabían algo. Al Marat se lo había tragado la tierra. Habían pasado tres días sin que hubiera noticias del actor de segunda.

Velasco se despertó el viernes con una indigestión moral. La existencia le parecía absurda y el único deseo que lo motivó a seguir adelante fue la ilusión de Rosita. Esa noche recibiría la respuesta y se terminaría esa lucha de contradicciones que le quitaba más el sueño que las peores pesadillas. Lo llamaron con urgencia de la morgue. Había un hombre parecido a Rufino.

Cuando el inspector llegó, Nacho lo recibió con cara de pocos amigos. Se encaminaron a lugar donde estaba el fiambre, hablaron con el forense y supieron que el actor había sufrido un paro cardiaco en un hotelillo barato. La muerte lo había sorprendido con una sobredosis de viagra, alcohol y dos mujeres de la mala vida. Se encontró solo un carné de la sociedad de actores falsa con el nombre de Rufino Andrade. Se confirmó su identidad y se consiguió una orden de registro para investigar las causas de su fallecimiento. Velasco encontró el arma del crimen. Un puñal con empuñadura de piedra. Con un grabado oriental. Un arma bastante letal en manos expertas. Se declaró a Rufino culpable del asesinato de Marcial. En las actas figuraba Rufino como el asesino. Se había presentado como repartidor de Pizza, había asestado un golpe mortal en el pecho de su víctima, luego se había escabullido sin dejar rastro. Durante un tiempo no se presentó en su domicilio y al final lo encontraron en un hotel de mala muerte.

Velasco se puso su mejor traje y se presentó puntual a la cita con Rosa. Ella salió de su turno dos horas antes y al encontrarse con Eduardo le entregó su carta. Velasco se desconcertó. Rosa le indicó que leyera la respuesta y que no lo tomara muy a pecho. Se despidieron y Velasco se fue a tomar unas copas.

En el bar, el cantinero le hizo la conversación. Velasco estaba triste. Cuando le preguntó Ramón, sirviéndole la copa de whisky, el porqué de su desgracia, Velasco le extendió una nota que decía:

Lo siento inspector, lo esperé por mucho tiempo. El destino ha querido que sea otro hombre el merecedor de mi amor. Perdóneme.

Rosita.












viernes, 12 de septiembre de 2025

Reto 14

 






El Reloj de las Eras

Instrucciones: Escribe un relato corto (1000 palabras) que incorpore elementos fantásticos, utilizando el siguiente punto de partida y requisitos.

Punto de partida:
En un mercado ambulante que aparece solo bajo la luz de la luna llena, un/a protagonista encuentra un puesto misterioso atendido por una figura encapuchada. Entre los objetos extraños, destaca un reloj de bolsillo que no marca horas, sino "eras". Al tocarlo, el/la protagonista es transportado/a a un mundo donde un elemento fantástico de tu elección (por ejemplo, dragones, magia elemental, portales interdimensionales, criaturas mitológicas) define la realidad. Sin embargo, el reloj tiene un defecto: cada vez que se usa, algo o alguien importante para el/la protagonista se desvanece de su vida original.

Requisitos:

  1. Elemento fantástico central: Introduce un elemento fantástico único (por ejemplo, un bosque donde los árboles susurran profecías, un río que fluye hacia arriba, o una ciudad flotante gobernada por sombras). Describelo con detalles vívidos para sumergir al lector.
  2. Conflicto: El/la protagonista debe enfrentar un dilema moral relacionado con el uso del reloj. ¿Vale la pena explorar este mundo fantástico a costa de perder algo valioso en su vida?
  3. Personaje secundario: Incluye un personaje del mundo fantástico que guía, engaña o desafía al/a la protagonista. Este personaje debe tener una motivación clara que conecte con el elemento fantástico.
  4. Cierre: El relato debe concluir con una decisión del/de la protagonista sobre si seguir usando el reloj o abandonarlo, y las consecuencias de esa elección.

Opcional: Agrega un giro inesperado relacionado con el funcionamiento del reloj o la verdadera naturaleza del mercado ambulante.

Plazo de entrega: 10 de octubre de 2025

Envía tu relato a : cristobaleh@hotmail.com







Humancé

La noche comenzaba a caer, una neblina satinada impedía ver bien las calles. Olivar siguió andando guiado por una sensación extraña. Escuchó unas voces que lo invitaban a mirar y comprar mercancías. Estaba en un mercado ambulante, los puestos iluminados por la luz de una luna ausente, dejaban ver todo tipo de objetos. Le llamó la atención un puesto de libros viejos. El encargado era un hombre delgado, vestido a la antigua con una bata de fraile. La capucha impedía verle el rostro. Cogió un libro viejo, rancio que tenía el título: “El hombre desnudo”. Lo abrió y leyó unas cuantas líneas. Quedó intrigado y fascinado a la vez.

—Me llevo este—dijo Olivar sacando unos billetes de su bolsillo.

—Son treinta pesos, joven— respondió el encargado con una voz profunda.

Una luz brilló con fuerza y Olivar vio un reloj en la muñeca del hombre. Sintió curiosidad.

—¿Puedo verlo? —preguntó señalando con el libro.

Hubo una pausa larga. Olivar creyó que el hombre no lo había oído y se iba a retirar cuando le llegó la respuesta.

—No es un reloj habitual joven, ni siquiera marca las horas y tiene una carátula extraña que cambia cada vez que alguien la ve—agregó extendiendo la mano.

Olivar se acercó para ver mejor el objeto. Cogió la muñeca del hombre y se quedó tratando de comprender que mostraba el reloj. Pronto se dio por vencido porque las manchas caleidoscópicas no le decían nada. Se giró y comenzó a alejarse y volteó de reojo, pero le pareció que aquel tianguis ya no estaba. Caminó una media hora y llegó a su casa. Su madre ya se había acostado y en la mesa había un plato con frijoles refritos y un trozo de carne adobada. Las tortillas estaban viejas y tiesas, pero la comida le supo bien.

A la mañana siguiente notó que no estaba en su cama. Se asombró porque estaba a la intemperie, los mosquitos no dejaban de molestarlo y la humedad lo hizo jadear. Notó el sonido del follaje y el canto de los pájaros. Casi le da un infarto al ver sus brazos y piernas, pues estaban cubiertos de pelo áspero. Se tocó con insistencia pensando que era un sueño, pero la realidad no acudía a su ayuda. Corrió hacía un estanque y se miró. El corazón le latía como si fuera a explotar y sudaba. De pronto lloró y empezó a revolcarse en la hierba.

Alguien le tiró un palo por la espalda. Se giró y vio a tres chimpancés adultos, tenían aspecto amenazador. Comenzar a hacer un ruido estruendoso, golpeaban el piso con fuerza y se acercaban haciendo movimientos agresivos. Olivar vio unas piedras y comenzó a lanzarlas. Acertó dos veces y los monos se apaciguaron. Al ver que su jefe sangraba por la cabeza y no podía mantenerse en pie, se dieron a la fuga.

—¿Qué está pasando? —preguntó.

El gran chimpancé lo miró agonizante y contestó:

—Todos están buscando al humancé.

Fue todo lo que alcanzó a decirle.

Olivar no podía reponerse, su desgracia era un desierto atormentador, lleno de refunfuños y quejidos. Empezó a sentir hambre, pero no le apetecía nada de lo que tenía a su alrededor. Veía a otros primates desde lejos y probaba las cosas que se llevaban a la boca, pero lo único que experimentaba era asco. Decidió cazar y asar carne. No pudo atrapar roedores, eran demasiado escurridizos, los insectos se le quemaban, no quería enfrentarse a los felinos porque eran muy agresivos. Se quedó soportando su hambre bajo un enorme árbol. 

Una mañana empezó a delirar, vio cerca un ser extraño y pequeño. Se acercó y con todas sus fuerzas lo sujetó, luego sin poderse contener le empezó a arrancar trozos. Sus dientes se hundían con facilidad en su tierna carne, pero pronto sació su hambre y se echó a dormir. Cuando despertó notó que se acercaban unos hombres. Los miró con curiosidad y se puso de pie. Pensó que tal vez ellos le podrían explicar lo que estaba pasando. Cuando los hombres lo vieron aproximarse comenzaron a disparar.

¡No lo maten!!No lo maten! —gritaba alguien enfurecido—. ¡Lo quiero vivo para poder destazarlo con mis manos!

Olivar se espantó y echó a correr, pero no tenía la capacidad de un hombre, ni tampoco la agilidad de un mono.

Lo cogieron y lo ataron. Olivar empezó a gritar, les explicó que no tenía culpa de nada. Las respuestas no las entendió, el lenguaje era absurdo y rogó, imploró. De nada le sirvieron sus plegarias. Pronto se encontró con las manos extendidas hacia arriba. Sentía la corteza de un gran áspero árbol en su espalda. Un hombre se acercó, era el mismo que le había vendido el libro. Esta vez si vio su rostro. Era un chimpancé. Le dijo que era Vester, el justiciero, que lo había ido a buscar con el reloj de las eras, que había tardado mucho tiempo en ajustar las coordenadas del espacio y tiempo.

—Eres la aberración de la naturaleza —le susurró con la misma voz seca del primer encuentro—. Eres el monstruo que nació de la perversión. La culpa es de tus progenitores. Jamás debió tu padre quedarse tanto tiempo entre los monos. Al final, desvarió y tu eres su pecado, eres el chivo expiatorio. Ahora, ahora mismo, pagarás por tus pecados.  

Olivar no pudo soportar que le arrancaran la piel, cayó en un desmayo tratando de buscar una salida que lo llevara por aquella calle nebulosa donde había tocado el reloj, pero no le alcanzó el sueño para hacerlo. Su cuerpo quedó colgado pudriéndose, mientras los insectos y animales carroñeros lo fueron dejando en los huesos.

                                                        JC


El miligramo prodigioso

                 El miligramo prodigioso- Juan José Arreola 1. Resumen del cuento El relato narra la historia de una hormiga obrera que ...