Cuentos policiacos

viernes, 15 de agosto de 2025

Reto 11

 

 Escribir una historia que transcurre en un escenario antiutópico. Por ejemplo, una sociedad indeseable, en la que lo que se tenía como ideal a resultado muy desfavorable. 

Límite de palabras: 1000

Fecha límite de entrega: 1 de septiembre.

!Manos a la obra! !El mundo necesita tus palabras!

Enviar el cuento a:

cristobaleh@hotmail.com






El lenguaje participativo y global

Marc entró en la oficina. Su jefe estaba sentado fumando un puro, llevaba cuatro tazas de café y había terminado de revisar los artículos de la redacción.
—¡Hombre! ¡Qué bien que has llegado, Marc! ¡Siéntate, siéntate!
—Gracias, ¿para qué soy bueno?
—Pues, te lo voy a decir sin rodeos… El caso es que ya llegó la disposición… —miró con curiosidad a Marc, tratando de captar su reacción, pero él estaba muy desorientado—. ¡Vamos, Marc, no me digas que se te olvidó, ¿eh?
—Pues, lo siento mucho, pero no sé de qué se trata…
—¡Oh, Marc, es lo del nuevo plan informativo, ya sabes, la nueva forma de redactar los artículos!
—¡Ah! Eso de las normas y reglas… Ya hasta lo había olvidado…
—No te preocupes, Marc, Liza te dará las instrucciones. En tu departamento ya todos están al tanto, así que échale un vistazo y, cuando escribas el primer artículo, me lo traes para que lo revisemos. ¡Manos a la obra, muchacho! —Dio una fuerte bocanada al puro y se sobó la barriga en señal de que se le estaba despertando el apetito—. Mary, ¿le puedes decir a James que en diez minutos bajamos al bar?

Marc encontró unas copias sobre su mesa. Encendió el ordenador y comenzó a leer, sin profundizar mucho, las nuevas reglas. Alguien tenía una radio encendida. Marc se concentró para oír mejor.
“Digital Erre informa. Queridos amigos, desde hoy está disponible en el Boletín Oficial del Estado la nueva forma de comunicación que seguiremos para defender la veracidad y la democracia. Tenemos como invitado al ministro de comunicación y propaganda…”

Marc llegó a su casa alrededor de las nueve. Se duchó, se preparó la cena, tomó un poco de vino y se fue a dormir.

Durante la semana, se fue acostumbrando a las nuevas condiciones de redacción. “No es necesario profundizar en eso, Marc, quítalo, por favor… Eso está de más, Marc, bórralo… Eso no se ajusta a lo políticamente correcto, Marc, investiga más y corrígelo…” La presión del jefe era fuerte y los deseos de Marc de informar sin ser tendencioso y con veracidad se fueron desvaneciendo. Su rechazo a las frases hechas, las palabras obligatorias y las frases cortas desapareció gracias a la resignación impuesta que no le dejaba ningún margen de libertad.

Después de un mes, nadie habría reconocido al rebelde y sincero Marc. Se había transformado en un periodista alineado, su cuerpo era más endeble, su rostro más gris y, en lugar de su sonrisa burlona, había un arco de labios que le daba un aire de fracasado.

Su novia Ennia también había sufrido los cambios y estaba preocupada. Ya no discutían sobre los problemas globales, ya no defendían causas y sus fuertes discusiones se habían terminado. Cualquiera habría pensado que, por fin, la tensión y la rivalidad les habían dejado un nicho tibio, lleno de armonía, pero no era así. Sus miradas siempre eran cómplices, trataban de enviar un mensaje, todo aquello que era imposible de transmitir con la voz.

Ennia seguía bella, trataba de emitir la buena vibra, la alegría que la caracterizaba. Lo más importante era usar el lenguaje con corrección, ya que, por sus impulsos, habían tenido que pagar varias multas en los últimos meses. Marc la llamó para desayunar en la terraza.


—¡Qué bien te ves hoy, querida! ¡Cada día, la comida sana te mejora! ¡Es sensacional!
—¡Gracias, Marc! Tú también luces bien. Creo que la práctica de la meditación y, sobre todo, tu empeño en el trabajo nos ha traído muy buenos beneficios.

Aunque alguien los hubiera visto y notado claramente que sus palabras no coincidían con su aspecto, no se habría atrevido a contradecirlos, ya que el control de las nuevas reglas era tan estricto que criticarlas o cuestionarlas conllevaba una sanción administrativa.

La gente aparentaba vivir en armonía, evitaba ver las cámaras en los exteriores y, si notaba algo raro, de inmediato decía frases como: ¡Qué bien funciona el transporte público! ¿No es verdad? O ¡Cada día mejora la economía y todos aprobamos las medidas del gobierno para financiar sus planes de desarrollo! Las madres resaltaban los beneficios de la educación y la gente enaltecía las ventajas de los nuevos horarios y sueldos. Los adolescentes aplaudían las sugerencias de ocio y convivencia juvenil, mostrando los broches con insignias estatales de sus comunidades virtuales.

Al final, la gente se las ingenió para transmitir sus emociones y pensamientos con expresiones de los ojos. Muy abiertos significaban aburrimiento; entrecerrados, acuerdo y rebeldía; brillantes, odio y hartazgo; lacrimosos, apatía o indiferencia; fulminantes y amenazadores, felicidad.

Con el tiempo, la gente automatizó el lenguaje y los gobiernos aprendieron a descifrar las miradas, así que los ojos jamás volvieron a ser del alma, o al menos de almas felices.

                                                                           Juan Cristóbal





Cuento policíaco Nº 1