Escribir una historia que transcurre en un escenario antiutópico. Por ejemplo, una sociedad indeseable, en la que lo que se tenía como ideal a resultado muy desfavorable.
Límite de palabras: 1000
Fecha límite de entrega: 1 de septiembre.
!Manos a la obra! !El mundo necesita tus palabras!
Enviar el cuento a:
cristobaleh@hotmail.com
El lenguaje participativo y global
Marc llegó a su casa alrededor de las nueve. Se duchó, se preparó la cena,
tomó un poco de vino y se fue a dormir.
Durante la semana, se fue acostumbrando a las nuevas condiciones de
redacción. “No es necesario profundizar en eso, Marc, quítalo, por favor…
Eso está de más, Marc, bórralo… Eso no se ajusta a lo políticamente correcto,
Marc, investiga más y corrígelo…” La presión del jefe era fuerte y los
deseos de Marc de informar sin ser tendencioso y con veracidad se fueron
desvaneciendo. Su rechazo a las frases hechas, las palabras obligatorias y las
frases cortas desapareció gracias a la resignación impuesta que no le dejaba
ningún margen de libertad.
Después de un mes, nadie habría reconocido al rebelde y sincero Marc. Se
había transformado en un periodista alineado, su cuerpo era más endeble, su
rostro más gris y, en lugar de su sonrisa burlona, había un arco de labios que
le daba un aire de fracasado.
Su novia Ennia también había sufrido los cambios y estaba preocupada. Ya no
discutían sobre los problemas globales, ya no defendían causas y sus fuertes
discusiones se habían terminado. Cualquiera habría pensado que, por fin, la
tensión y la rivalidad les habían dejado un nicho tibio, lleno de armonía, pero
no era así. Sus miradas siempre eran cómplices, trataban de enviar un mensaje, todo aquello que era imposible de transmitir con la voz.
Ennia seguía bella, trataba de emitir la buena vibra, la alegría que la
caracterizaba. Lo más importante era usar el lenguaje con corrección, ya que,
por sus impulsos, habían tenido que pagar varias multas en los últimos meses.
Marc la llamó para desayunar en la terraza.
Aunque alguien los hubiera visto y notado claramente que sus palabras no
coincidían con su aspecto, no se habría atrevido a contradecirlos, ya que el
control de las nuevas reglas era tan estricto que criticarlas o cuestionarlas
conllevaba una sanción administrativa.
La gente aparentaba vivir en armonía, evitaba ver las cámaras en los
exteriores y, si notaba algo raro, de inmediato decía frases como: ¡Qué bien
funciona el transporte público! ¿No es verdad? O ¡Cada día mejora la economía y
todos aprobamos las medidas del gobierno para financiar sus planes de
desarrollo! Las madres resaltaban los beneficios de la educación y la gente
enaltecía las ventajas de los nuevos horarios y sueldos. Los adolescentes
aplaudían las sugerencias de ocio y convivencia juvenil, mostrando los broches
con insignias estatales de sus comunidades virtuales.
Al final, la gente se las ingenió para transmitir sus emociones y
pensamientos con expresiones de los ojos. Muy abiertos significaban
aburrimiento; entrecerrados, acuerdo y rebeldía; brillantes, odio y hartazgo;
lacrimosos, apatía o indiferencia; fulminantes y amenazadores, felicidad.
Con el tiempo, la gente automatizó el lenguaje y los gobiernos aprendieron
a descifrar las miradas, así que los ojos jamás volvieron a ser del alma, o al
menos de almas felices.
Juan Cristóbal

